Mis viejos, total orgullo para mí, desde que me levanto con
un “Gastón, levántate que son las 12!!!” de
mama, con mi padre que ya antes de
haberse levantado planifico todo lo que tiene que hacer en el día y mantiene la
casa en orden, es increíble pero siempre están en todo además de sus
responsabilidades. Ellos siempre están cuando los necesitas para ayudarte en lo
que necesites, son como un libro abierto, los mejores amigos que se puede pedir,
haciendo lo posible para vernos bien a mí y a mis hermanos.
Mamá,
siempre con su sencillez y ternura presente en todos los rincones de la casa,
aun recuerdo cuando yo era tan solo un niño y la mujer más hermosa del mundo
para mí era ella, acostado mirando las novelas de noche como de costumbre le
ofrecía matrimonio, le prometía que no tendría novia jamás y quedarme con ella
cuando este viejita.
Papá, con esa
figura latente de respeto y orgullo hacia él, recuerdo en mi infancia esas
tarde que pasábamos mirando partidos de Boca, enseñándome cosas de básquet y
esos días en los cuales yo iva a trabajar con él y me hacia todas las mañas. Él,
desde joven con algo definido en la mente a los 16 años ya tenía decidido lo
que quería hacer y se fue a pelear la vida. Ella, desde chica comenzando desde
abajo, con humildad, educación y solidaridad se fijo en lo que quería y se la jugó
por ese sueño, también recuerdo cuando nos acostábamos los 3 y yo les
preguntaba cómo se habían conocido, en donde y como fue.
Por esto y muchas
cosas más estoy orgulloso y contento de
estar en una familia así que a pesar de sus pequeños conflictos, a los 2
minutos estamos todos unidos de nuevo y riéndonos juntos, yo sé que no soy muy
expresivo y que no se los digo, pero los amo muchísimo, simplemente gracias por
todo…




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